«La batalla por Donbás será larga y sangrienta, más parecida a maniobras de la Segunda Guerra Mundial que a lo que ocurrió en Kiev»

No habrá acuerdos de paz, cese del fuego ni rendiciones en Ucrania.

Los próximos dos meses traerán lo que los funcionarios de defensa de Estados Unidos han llamado «una pelea con cuchillos» en el área que el ejército ucraniano llama «La Operación de Fuerzas Conjuntas» (JFO, por sus siglas en inglés).

Es la región que se conoce como Donbás.

Durante ocho años, los dos bandos han luchado allí, en un esecenario en el que elementos del ejército regular ruso se complementa con unidades separatistas.

Ahora, después de la derrota en Kiev, las fuerzas rusas se están redistribuyendo en la región para enfrentarse a las mejores y más experimentadas unidades de Ucrania.

Las batallas que vienen se parecerán más a las batallas de maniobras de la Segunda Guerra Mundial que a las que se libraron en las ciudades de Kiev, Mariúpol y Sumy en las seis semanas que ha durado la guerra hasta ahora.

No obstante, es poco probable que los rusos triunfen.

Después de su reciente derrota en el norte, Rusia ha llevado a cabo algunos cambios significativos.

Lo más importante es que se ha nombrado a un comandante general.

La importancia de esto no es la identidad o la experiencia individual del coronel general Alexander Dvornikov, sino el hecho de que los rusos tendrán un oficial de comando para coordinar e intentar lograr un solo objetivo operativo enfocado y aparentemente realista, en lugar de tres objetivos separados que compiten entre sí en el norte, el sur y el este.

Las batallas que vienen se parecerán más a las batallas de maniobras de la Segunda Guerra Mundial que a las que se libraron en las ciudades de Kiev, Mariúpol y Sumy en las seis semanas que ha durado la guerra hasta ahora.

¿Una guerra larga?

Con una asistencia occidental continua y creciente, Ucrania debería ser capaz de sostener una guerra larga mejor que los rusos.

La asistencia de la OTAN será vital para reafirmar las unidades blindadas de los defensores, dándoles una oportunidad mucho mayor de contraatacar y recuperar terreno.

Sin embargo, mantener cierto nivel de control del aire es el factor más importante, razón por la cual retener y fortalecer las defensas antimisiles antiaéreos es una prioridad absoluta.

A pesar de las ventajas de Rusia en tecnología y equipo, las fuerzas ucranianas continuarán explotando las debilidades agudas y crónicas de Rusia en logística y suministro.

Finalmente, una de las reglas más firmes de la guerra es que un atacante exitoso debería disfrutar de una superioridad de tres a uno.

La fuerza mermada de Rusia no tiene ni de lejos esa superioridad. Hay excepciones a esta regla general de tres a uno, como la Guerra del Golfo de 1991, donde una coalición liderada por Estados Unidos bien dirigida y equipada aniquiló a un ejército iraquí más grande y experimentado en combate.

En tales casos, los atacantes compensaron con creces la falta relativa de cantidad con calidad en el entrenamiento, la planificación y los componentes morales cruciales de cohesión y motivación.

En las batallas de primavera de 2022, son los defensores, no los atacantes, quienes están en abundante posesión de esos factores contra un ejército ruso acosado por problemas crónicos de corrupción endémica, profesionalismo y entrenamiento que los ha vuelto aparentemente incapaces de realizar operaciones complejas.

Estos problemas no van a desaparecer y no se resolverán con un cambio de mando o enfoque operativo.

Sobre todo, los estragos infligidos por las fuerzas armadas ucranianas han reducido su mano de obra, equipo y moral.

La próxima batalla comenzará dentro de las próximas dos semanas. Intentar predecir su curso preciso es en última instancia inútil, ni siquiera los generales enfrentados lo saben.

Bien puede ser que el destino del ejército ruso ya esté sellado en lo que probablemente sea una larga guerra.

La única reserva para esto puede ser que Rusia opte por una escalada usando «armas de destrucción masiva» de una forma u otra, ya sean ojivas nucleares tácticas o armas químicas.

Los informes de Mariúpol de que los rusos ya pudieron haberlas usado, si se prueban, mostrarían que Rusia está preparada para recurrir a algo aún más serio si temen una humillación militar completa en Ucrania.

BBCMUNDO