No Dejes Morir a Tu Niño Interior

Por: Fernando Santos

Cuando un ser humano viene al mundo es una criatura curiosa y carente de miedo por naturaleza. Cuando somos niños vamos por la vida con una amplia curiosidad, imaginación, valentía y fe de que podemos hacer lo que nos propongamos. Parece ser que estuviéramos atrapados en una especie de paraíso. Sin embargo, para la mayoría de las personas todo eso cambia abruptamente cuando llegan a la juventud y empeora aún más cuando pasan a la adultez; ¿a qué se debe esa nefasta transformación? ¿Acaso es posible volver a despertar a ese niño interior que espera con ansias conquistar lo que quiere?
El primer eslabón que tenemos que analizar para entender por qué matamos a nuestro niño interior es la familia, puesto que son los primeros seres humanos con quienes tenemos contacto. La familia nos brinda valores, educación y el ambiente donde vivir durante nuestra infancia. Su importancia es primordial en el desarrollo del carácter del infante. Si tuvimos unos padres que nos amaban y apoyaban a cumplir nuestras metas, es muy probable que poseamos una actitud firme ante la vida y que por ende nuestro niño interior esté tan vivo como nosotros. Pero, de no ser así el caso, es muy probable que hubiéramos crecido con muchas inseguridades y falta de autoestima, lo que es igual a cortar de raíz a nuestro pequeño gigante. La sociedad supone el elemento más nocivo para nuestro niño interior. Esto es así porque la sociedad está llena de prejuicios, etiquetas y estereotipos que cobardemente comienzan a moldear nuestra personalidad. Desde la escuela nos imponen sigilosamente estos males. Por ejemplo, tienes que ser alto si quieres ser buen deportista, las mujeres son buenas en el hogar, los hombres son buenos en la mecánica, ser blanco es sinónimo de bondad y moreno es de maldad, etc. Estos perjuicios ofuscan nuestro niño interior al contaminar su inocencia divina que una vez perdida por completo es casi imposible recuperar. No hay una fórmula específica para despertar nuestro pequeño gigante puesto que cada quien ha tenido una historia distinta. Ahora bien, varios métodos son útiles para levantarlo de su letargo. En primer lugar, uno debe encontrarse consigo mismo, perdonarse y perdonar a los otros y ver lo que en realidad se desea con pasión. Seguidamente, uno debe enfocarse ardientemente en lo que ama, así evitamos ser uno más del montón. El siguiente paso sería desintoxicarse, mediante lectura profunda o viajes, de toda la información sesgada que la sociedad nos ha brindado. Aunque parezcan sencillos, cada paso aquí expuesto requiere meditación y disciplina profunda puesto que en gran medida requieren que uno indague en su propio ser, lo que supone una de las tareas más complicadas en la vida.Como pueden notar, no dejar morir nuestro niño interior supone un gran desafío en nuestra vida. Sin embargo, yo opino que no hay otra forma de vivir que no sea respetando los valores de nuestro pequeño gigante debido a que éstos representan lo más puro de nuestro ser. Aquel que no lo hace está condenado a una vida monótona sin ninguna oportunidad para la gloria. La vida es corta, luchar por mantener a flote ese rayo de luz que sale de nuestro ser nos mantendrá vibrantes y radiantes de energía en nuestro pasar por la tierra.