Colombia, el país de las urgencias postergadas

 Dilan Cruz salió a buscar el futuro, y en su lugar encontró a Colombia. El estudiante de 18 años protestaba en el centro de Bogotá el 23 de noviembre, cuando lo golpeó en la cabeza un objeto disparado por un miembro del escuadrón antidisturbios de la policía. Durante el paro nacional realizado desde dos días antes contra el gobierno de Iván Duque, Dilan demandaba acceso a la educación superior junto a miles de jóvenes y el Estado lo mandó a cuidados intensivos hasta este lunes, cuando murió en medio de la indignación ciudadana. El mismo día se graduaba de bachiller.

El debate público en Colombia estuvo secuestrado por un conflicto armado que se prolongó más de cincuenta años, y la discusión política rara vez superó la urgencia de la subversión guerrillera. Pero ahora, en gran medida gracias al acuerdo de paz que desarmó a las antiguas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc), el país puede por fin debatir temas relevantes para cualquier democracia: el acceso a la salud, el empleo, la educación y la seguridad. Pero el caso de Dilan Cruz revela la poca disposición del gobierno para que eso suceda. Su muerte resume la relación injusta que este país ha perpetuado durante décadas: un Estado débil que responde con violencia a las demandas de sus ciudadanos inconformes.

La noche del jueves 21 de noviembre, con ruido de cacerolas, cerró el paro nacional que había sido convocado por centrales obreras, secundado por movimientos estudiantiles, partidos de oposición y ciudadanos comunes. El golpe metálico se repitió en varias ciudades y continuó los días siguientes, como una forma de reclamo inédita en este país poco dado a la protesta. El descontento de los colombianos se ha sumado al de otros países en la región —como Chile, Ecuador, Bolivia—, y cuestiona al gobierno de Iván Duque, un presidente impopular que lleva solo quince meses en el cargo.

Fuente: The New York Times

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