EL ESCUDO DOMINICANO

Los símbolos no tienen otra finalidad que la
representación.
En el caso del escudo nacional, que ha sido
objeto de debate sobre su ausencia en algunos
actos oficiales, la situación no es diferente.
El escudo, que ha pasado por una travesía
histórica con cambios variados de acuerdo a
cada época, es una más de las representaciones
patrias.
La dictadura trujillista usó estos símbolos para
representar no a la patria sino a una puesta de
escena que parecía patriótica, poniendo a la gente
a reverenciarlos como si se tratara de imágenes
sagradas.
Su finalidad era el dominio a través de un objeto
fetiche.
Pero el escudo es ciertamente una identidad,

un decir que hay patria, que hay un estado consti-
tuido, aunque defectuosamente y con huecos históricos variados.
Lo mejor es que se le respete pero también que
se le dé en la práctica, el valor que representa, su
sitial en la dinámica misma de la patria sacudida
con frecuencia por tantos lastres y fallos.
Uno más de ellos no es necesario a estas horas.

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