Qasem Soleimani, maestro de la intriga de Irán, creó un eje chiita de poder en Medio Oriente

Él moldeó la guerra civil siria y fortaleció el control de Irán sobre Irak; estuvo detrás de cientos de muertes de estadounidenses en Irak y olas de ataques de paramilitares contra Israel. Y durante dos décadas, cada uno de sus movimientos encendió las redes de comunicaciones —y alimentó las obsesiones— de operativos de inteligencia en todo Medio Oriente.

El viernes 3 de enero de 2020, el mayor general Qasem Soleimani, el poderoso y esquivo maestro del espionaje de 62 años que encabezaba la maquinaria de seguridad iraní, fue asesinado cerca del aeropuerto de Bagdad mediante un ataque estadounidense con un dron.

Así como sus logros moldearon la creación de un eje chiita de influencia a lo largo de Medio Oriente, con Irán al centro, es probable que ahora su muerte sea clave para la instauración de un nuevo capítulo de tensiones geopolíticas en la región.

Soleimani se encontraba en la vanguardia de la generación revolucionaria de Irán, se unió a la Guardia Revolucionaria Islámica poco después de cumplir 20 años, luego de la revuelta de 1979 que consagró a la teocracia chiita del país.

Ascendió rápidamente durante la brutal guerra entre Irán e Irak de la década de los ochenta. Y desde 1998 dirigió a la influyente Fuerza Quds de la Guardia Revolucionaria, la división de operaciones exteriores del aparato de seguridad iraní que unía la labor de inteligencia con la estrategia militar de propiciar las fuerzas paramilitares de todo el mundo.

En Occidente era visto como una fuerza clandestina detrás de una campaña iraní de terrorismo internacional. Junto con otros funcionarios iraníes, fue catalogado como terrorista, por Estados Unidos e Israel en 2011, acusado de conspirar para asesinar en Washington al embajador de Arabia Saudita, uno de los principales enemigos de Irán en la región. El año pasado, en abril, el gobierno de Donald Trump catalogó a toda la Fuerza Quds como un grupo terrorista extranjero.

Sin embargo, en Irán muchos lo veían como un héroe, en especial dentro de los círculos de seguridad. Las anécdotas sobre su ascenso y su carisma reservado se combinaron para crear la imagen de un guerrero-filósofo que se convirtió en el pilar de la defensa de un país contra varios enemigos.

El general era cercano al líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, quien el viernes 3 de enero emitió una declaración en la cual decretó tres días de luto nacional y “venganza obligada”, que equivale a una amenaza de represalias contra Estados Unidos.

“Su partida con Dios no pone fin a su camino ni a su misión”, manifestó el ayatolá.

En 2000, libaneses ondean una bandera de Hezbolá en la frontera entre Líbano e Israel mientras arrojan piedras contra un vehículo del ejército israelí.
En 2000, libaneses ondean una bandera de Hezbolá en la frontera entre Líbano e Israel mientras arrojan piedras contra un vehículo del ejército israelí.Credit…Lefteris Pitarakis/Associated Press
Combatientes del Ejército Libre Sirio en 2012 en Saqba, una ciudad a las afueras de Damasco
Combatientes del Ejército Libre Sirio en 2012 en Saqba, una ciudad a las afueras de DamascoCredit…Tomas Munita para The New York Times

Los primeros años del mandato de Soleimani a finales de los noventa estuvieron dedicados a dirigir los esfuerzos del grupo paramilitar Hezbolá contra la ocupación militar israelí al sur del Líbano. Soleimani y el comandante militar de Hezbolá, Imad Mugniyah, impulsaron una sofisticada campaña de guerra de guerrillas, que combinaba emboscadas, bombas de carretera, terroristas suicidas, asesinatos específicos de altos funcionarios y ataques a los puestos de defensa israelíes.

Al final, el costo para Israel fue demasiado elevado y en mayo de 2000 se retiró del Líbano, lo que significó una victoria importante para Soleimani, su Fuerza Quds y Hezbolá.

La Primavera Árabe en Medio Oriente y el posterior combate contra el Estado Islámico convirtieron a Soleimani de una figura oscura en un actor principal en la geopolítica de la región, según Tamir Pardo, exdirector de la Mossad, el servicio de inteligencia israelí.

“La vida profesional de Soleimani puede dividirse en dos periodos. Hasta la Primavera Árabe, es comandante de una fuerza que tiene ramificaciones en varias partes del mundo—activa principalmente en Siria, Líbano e Irak—, pero que en esencia es una organización secreta de operaciones cuyo principal propósito es el terrorismo”, explicó Pardo.Más de la crisisLee, en inglés, cómo ha evolucionado la situación entre Irán y Estados Unidos en los últimos días.Maps: How the Confrontation Between the U.S. and Iran Escalated3 de enero de 2020

“A partir del impacto que tuvo en Medio Oriente el ascenso del Estado Islámico, cambia el curso”, continuó Pardo. “Se vuelve un actor regional preponderante, que con un gran talento sabía cómo aprovechar la infraestructura secreta que estableció durante tantos años para lograr objetivos no cubiertos: combatir, ganar, establecer su presencia”.

En años recientes, el hombre cuyo rostro rara vez fue visto se convirtió en la cara de las operaciones exteriores de Irán.

Voluntarios civiles entrenan en 2014 en Kufa, al sur de Irak, para ayudar a las milicias chiitas leales a Irán
Voluntarios civiles entrenan en 2014 en Kufa, al sur de Irak, para ayudar a las milicias chiitas leales a IránCredit…Lynsey Addario para The New York Times

En Siria, supervisó una operación masiva para reforzar el gobierno del presidente Bashar al Asad, cuyo propio ejército había sufrido mermas por las deserciones generalizadas y el combate encarnecido contra los rebeldes que buscaban derrocar el gobierno desde 2011. Dado que hablaba árabe pudo tranquilizar a los comandantes locales mientras los usaba para crear una red de apoyo para Asad.

En el transcurso de varios años, los operativos iraníes guiados por Soleimani reclutaron combatientes paramilitares de otros países —principalmente de Irak, Afganistán y Paquistán— y los llevaba en avión a Siria para que reforzaran las filas de Assad en batallas decisivas.

Fuente: The New York Time

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