De Cambumbo y su Submundo

Por Juan Cruz Triffolio Sociólogo – Comunicador Dominicano Triffolio@gmail.com

Al singular Tony Echavarría, Cambumbo, lo conocimos fruto del amor a la
bohemia que caracterizaba a mi inolvidable hermano, Juan Eduardo Cruz
Triffolio, quien en incontables visitas al centro de esparcimiento del
simpático y extrovertido artista nos hizo conocerlo y tratarlo con frecuencia.
A estas relaciones de amistad contribuyó significativamente la siempre
bien recordada Adonaida Mañé, persona que, aunque vivía a unas cuantas
cuadras del espacio del centro de diversión ya referido, compartía una
vinculación de hermandad con el inolvidable artista, al extremo de
frecuentemente enviarle su desayuno y el almuerzo cotidiano.
Recordamos que, en ocasiones, la expresiva y amena Adonaida, quien
nunca ocultaba su orgullo de haber engendrado un hijo con el inmortal del
béisbol José Saint-Claire Cábelo, más conocido como Pepe Lucas,
preparaba el rico chocolate mañanero que con algunos trozos de pan
distribuía Cambumbo entre los estudiantes que transitaban por el frente de
la espaciosa vivienda de la referida dama.
Aquel gesto humanitario, unido al hecho de que el extrovertido artista
adoptara como su hijo a un escuálido niño mocano, a quien luego introdujo
a la milicia y le acompañó hasta el día su fallecimiento, es una expresión
genuina, entre otras, que pone de manifiesto el sentimiento humanista que
le caracterizaba como persona.
Una de las peculiaridades que caracterizaron su lugar de encuentro con
los parroquianos amantes de la bohemia, en altas horas de la noche,
consistió en que para visitarlo era necesario, previamente y a través de un
cristal en la puerta principal, dejar ver el rostro y luego, de los encargados
de la seguridad así considerarlo prudente, se permitía o negaba el paso a
quien allí recurría a compartir.

Entendemos que ese tipo chequeo era único en el país y sobretodo, en la
zona Norte de la ciudad capital.
Vale decir que, una vez usted penetraba al establecimiento comercial,
ubicado en la calle Paraguay esquina Juan José Duarte, ensanche La Fe,
a corta distancia de la Avenida Máximo Gómez, otrora un destartalado
garaje y punto de ventas de repuestos para vehículos, lo primero en
encontrar, a su lado derecho, era el cuarto de dormitorio donde pernotaba
Cambumbo y su acompañante de alcoba.
Varios pasos más adelante, en uno de los esquineros del estrecho
espacio, los visitantes tenían que necesariamente observar una larga
mesa ovalada cubierta de vinil y con varias sillas, donde sólo tenían el
privilegio de charlar y compartir, directamente con el emblemático
fonomímico, aquellos parroquianos de mucha intimidad y confianza.
En lo concerniente al show a disfrutar por los espectadores que allí se
daban cita, fundamentalmente, consistía en una inusitada y atrayente
presentación de Cambumbo, siempre con sus acentuados labios color
carnoso, gracias a la aplicación de un pintalabios color rojo, en donde
nunca faltó la exhibición de un sombrero o gorra llamativa.
La longitud de sus ojos se prolongaba con el uso de colores sugerentes y
sus cejas constantemente lucían impecables con una definición envidiable
por cualquier femenina cuidadosa en el tratamiento de su rostro.
Al vestir, Cambumbo lucía impecable y para sus actuaciones generalmente
escogía el color negro, muchas veces salpicando su indumentaria y cara
con escarcha.
Al momento de iniciar su presentación, exigía un silencio sepulcral,
imponiéndose de inmediato el sonido de la vellonera con la canción
romántica, escogida para servir de guía frente al público presente.
Concomitantemente con lo anterior, Tony Echavarría, el popular
Cambumbo, encendía su largo foco de unas diez pilas con el cual lograba,
en contraste con la oscuridad reinante en el ambiente, un efecto que
acentuaba su rostro y presencia de una manera impresionante.

No obstante sus limitaciones para mover uno de sus brazos, a
consecuencia de un disparo recibido por un abusador de los tantos que
pulularon durante el régimen de “los doce años balagueristas”, su dominio
en el escenario resultaba encantador y magistral, generando constantes y
prolongadas ovaciones entre sus fieles seguidores.
En cada fonomímica realizada por el expresivo Cambumbo, considerado
por muchos, en reconocimiento y justicia, como el auténtico rey
dominicano de la mencionada expresión artística, tuvo siempre como
rutina cambiar de sombrero o gorra cada vez que presentaba una canción
de su preferencia o exigida por el público que asistía a sus presentaciones.
Sus sombreros y gorras respondían a diversos y vistosos colores y formas,
a veces iluminados por algunas pequeñas bombillas o simplemente,
decorados con algún material reflexivo.
De sus inolvidables actuaciones disfrutaron las figuras del canto popular,
nacionales y extranjeras, quienes al finalizar sus compromisos en
importantes centros de esparcimiento de la Primada de América, cerraban
la larga noche en el local de “Cambumbo y sus amigos”.
Igual ocurría con reconocidos políticos y empresarios, quienes parecían
llenarse de entusiasmo y alegría con las jocosidades y excentricidades del
excepcional artista de la mímica.
Como nota triste en su cotidiano vivir, Tony Echavarría tuvo que
encabezar, ya sea por espontaneidad o presiones del momento, en
aquellos oprobiosos tiempos en que reinaba el sanguinario hijo de San
Cristóbal y el enfrentamiento despiadado contra los prelados católicos no
parecía tener límites, algunas de las incursiones de homosexuales,
lesbianas y prostitutas a los templos del Divino Creador, escenificando
actuaciones propias de la irreverencia y el poco temor a Dios, algo que con
el discurrir de los años recordaba con gran dolor y vergüenza sin dejar de
clamar la comprensión y el perdón de la sociedad dominicana.
Pero al margen de aquellos amargos y lastimosos episodios, lo cierto es
que Cambumbo, con su fascinante magia y su insuperable manera de

interactuar con su público, en cada una de sus inolvidables actuaciones,
logró sustraer por siempre el cariño de su pueblo en cuyo corazón
permanecerá por siempre como una estelar figura artística para la alegría y
el sano esparcimiento.
Su sentido fallecimiento se produjo a consecuencia de problemas
cardíacos, a finales del 1993, unas cuantas horas después de haber
participado con éxito en un impresionante espectáculo presentado por la
inconfundible y apreciada vocalista Vickiana, en el imponente teatro La
Fiesta del Hotel Jaragua.
En definitiva, así vivió y compartió su talento y gracia insuperable Tony
Echavarría, Cambumbo, promotor de las bohemias hasta que saliera el sol
y creador de un estilo de comunicación y actuación artística señero y
embriagante.
Qué grato es hablar ti y de tu submundo..!!

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